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Vecinos
LA MALA PALABRA

Por Gabriel Valtierra.-image La vecindad humana entraña conflicto, siempre, porque son una, dos, o millones de voluntades queriendo afirmarse y basta con que una sola de estas voluntades ponga por delante su interés, en lugar del bien común, la paz de todos, para que aparezca la queja, el pleito, la guerra, LA INVASIÓN. Lo anterior —el conflicto— no tiene nada de antinatural, o extraño, es parte de la vida, y si gozamos de un alto grado de asertividad, hablando con seriedad, firmeza y argumentos con los semejantes podemos arreglar la mayoría de los problemas que la vecindad conlleva. Sin embargo, cuando todas estas cosas no nos sirven, nos estamos enfrentando a seres no civilizados, es decir, estamos tratando con ANIMALES.
Cuando esto pasa, subimos el tono de voz, enseguida hablamos con el casero, luego le marcamos a la policía, y cuando nada de esto funciona, tenemos que recurrir, desgraciadamente, a la fuerza. Por ello un criterio burgués o también aristocrático, que duda cabe, es el de escoger bien el vecindario. Desdichadamente muchas veces no podemos escoger a nuestros vecinos. Pongamos por ejemplo a los Estados Unidos. Ellos tienen de vecinos a los canadienses y por otro lado, a nosotros, los hambrientos y maleducados mexicanos. Tenemos que asumirlo, la mayoría de los mexicanos están así. Pocos son pudientes y bien educados. Algunos tienen dinero pero son ignorantes (lo que los hace mucho más destructivos); otros son bien educados aunque mueren de hambre. Creo que soy de los de la última categoría. Como sea, los mexicanos son la peste. La mayoría.
Bien. Apuesto que los Estados Unidos están encantados de tener a Canadá de vecino. Es una lástima que no tenga a la mano una fotografía de la frontera canadiense, para que la contrastaran con la mexicana. Mientras los canadienses visitan libremente Nueva York y regresan a casa en paz, los mexicanos se brincan el cerco continuamente y tenemos gente que les surte droga porque ellos, y nosotros ya también, somos drogadictos. Así es. La realidad es que los mexicanos no tenemos porqué andar brincándonos el cerco, pero mientras el gobierno panista nos esté matando de hambre esto seguirá ocurriendo. A Estados Unidos le conviene que en México se haga efectiva la democracia y que desaparezca el autoritarismo para no tener más frijoleros en su territorio conquistado, pero para que eso pase, primero debemos matar a la población de este país y substituirla con finlandeses o suecos. Entonces verán que bien nos iba. ¡Fíjate qué suave!
Toda la idiotez anterior para explicar que este criterio burgués que antes me caía tan mal no es tan irrazonable como yo lo pensaba antes, era un criterio que me molestaba porque lo miraba como poco humano. Lo veía así como decir “¡No te juntes con la pelusa!”, o “¡Vámonos a vivir donde haya gente de Nuestra Clase, Margot”. Sin embargo, he renunciado ya a mi vieja mentalidad cristiana, porque además ni creo en Dios. Creo que tenían razón los mamones. Hay gente mejor que otra. Vivir junto a gente maleducada es el infierno.
Miren, hace un mes estaba feliz porque mis vecinos primitivos de Jalostotitlán, Jalisco ya terminaban de empacar sus cosas y dejaban la colonia. La familia estaba constituida de la siguiente manera: un pollero, una señora gorda que veía televisión todo el día y un par de niños apestosos a mierda. Estaban felices. Pero apenas sintieron los primeros golpes de calor y listo, ¡a volar! El Sol ojete nos ha protegido aquí en la frontera de chilangos y de todo tipo de calamidades del centro y sur del país. Finalmente se queda lo que vale la pena, sin importar su origen, por el simple hecho de quedarse a trabajar ignorando el calor. Es decir, se queda la gente que tiene la mentalidad. Los que vienen a hacer transa chica no se quedan. Pero ese ya es otro artículo que podríamos llamar “el sueño norteño”, que ya se evaporó con el pan. Es decir, Calderón logró igualar a todos los mexicanos en lo corruptos y jodidos. Lejanos quedaron aquellos tiempos cuando la gente sonreía alegre cuando un sonorense visitaba el centro y nos decían de lo derechos y luchones que éramos. Nop. Ahora somos la misma mierda que ellos. Claro, esto no fue cuestión nada más del presi, sino de los gobernadores de Sonora y todo el aparato de gobierno de años. Pero ese es otro artículo, yo nunca me meto en política porque si no me gustan los vecinos, mucho menos los enemigos.
Por este edificio de departamentos ha pasado de todo, criminales, músicos, travestíes, cirqueros, pochos en el exilio, chinos, sudamericanos, albañiles, sodomitas, chilangos, y una gringa heroinómana que amaneció muerta y la encontramos diez días después por la peste. (Pensábamos que era algún gato que había logrado escaparse de los chinos mientras lo descuartizaban y que en el último esfuerzo por salvar la vida quedó atrapado en algún entresijo). De entre todo este folclore de vecinos, tengo la suerte de que los que se alojan a mi lado se van en poco tiempo. Quizás porque soy el ogro que siempre les pide silencio. Verán, estos departamentos son tan pobres que las paredes del segundo piso son de tabla roca. De esta forma es que siempre tengo que hablar con los nuevos vecinos que se instalan cada vez para que me dejen dormir y escribir por las noches. Mi deseo casi nunca se cumple, a los vecinos les parece más importante escuchar a Amanditita o mantener la televisión a todo volumen desde que la señora en turno se levanta a guisar su primer par de huevos en manteca. Es escritor, les dice don José, mi casero, nos vale madre, ya me los imagino diciendo. Al respecto creo que yo podría decirles qué nivel intelectual tienen tomando las horas y el volumen que le dan a la televisión durante el día. De hecho encender el televisor y dejarle en el dos para “ver qué hay” ya suena a estupidez.
Por ello y a lo largo de los años, ante el coco de los ruidos y los favores, he desarrollado una serie de remedios que si bien no me ahorran todos los corajes, sí me quitan unos cuantos de encima. Espero que estos comentarios les sean útiles, pues matar a un vecino es poco conveniente, por aquello de andarse escondiendo entre los cerros y todo eso.

Recetario neurótico
Una manera inteligente de evitar los conflictos con las personas que nos rodean, es prevenirlos. Anticiparse. Para prevenirlos es necesario colocar barreras físicas, legales, y mentales, antes de que al vecino se le ocurra cualquier movimiento en su beneficio que nos cueste a nosotros la tranquilidad.

A) Barreras físicas
El gobierno de Estados Unidos no levanta una barda de concreto de diez metros de altura a todo lo largo de su frontera por el costo que ello representa. En el caso de una vecindad entre particulares, tenemos las paredes, pero cuando son de tabla roca, esta barrera física es vulnerable a los sonidos. A lo que voy es que una barrera física que funciona da una tranquilidad enorme. Quienes argumentan que es ofensivo que los norteamericanos levanten una barda entre su territorio y el nuestro no saben lo que dicen. Las paredes de nuestras casas y nuestros cercos tienen precisamente la función de protegernos del resto de seres humanos, entonces yo no veo porque los norteamericanos no puedan levantar una barda sin que tengamos que hacernos las víctimas. Por eso mi primer consejo es que usted se asegure de levantar una buena barrera física entre los vecinos y usted. Una donde los vecinos no puedan darse cuenta si usted está haciendo una carne asada, y de ser posible, borrar las evidencias de la misma, vale la pena comprar un extractor para que no les llegue el aroma, no quiere usted escuchar el molesto “móchense” desde el otro lado del cerco.

B) Barreras mentales
Estas se colocan dentro de nuestra mente o dentro de la mente del vecino. Primera regla: NUNCA HABLE CON LOS VECINOS NI LES ABRA LA PUERTA. Trátelos como Testigos de Jehová. Especialmente si no sabe decir no o si ve que los vecinos de plano no le convienen. Si usted tiene una esposa estúpida que no sabe decir que NO, prohíbale hablar con ellos. De lo contrario, el infierno: cuando busque su herramienta, su manguera, un garrafón de agua: lo tendrá el vecino. Por ello le aconsejo las siguientes barreras mentales, no fallan. 1) “Tengo sida”. Esta se trata de convencer a los vecinos de que se padece una enfermedad crónica, el sida no es contagioso así nomás, pero en su ignorancia nunca le tocarán la puerta. 2) “Perdí el empleo”. Cuando la gente sabe que uno no tiene trabajo es igual a tener lepra. Los vecinos tendrán tanto miedo de que usted les llegue a pedir prestado que nunca se pararán frente a su casa. Le aconsejo lucir desmoralizado y hambriento. 3) “Soy foco”. La perspectiva de tratar con un drogadicto amenaza a la mayor parte de las familias decentes. Si usted no vive en la Diez de Abril o en un INFONAVIT, le resultará la técnica, no me cabe la menor duda. Por el contrario, si vive en esas partes no la use, tendrá su casa llena de visitantes. (Y si vive por la Madero o la Juárez nunca mencione la mota). Por último les dejo una que no tiene pierde pues incluye el poder de las tres anteriores... 4) “Soy escritora, soy mujer, y soy mexicana”.
¡Hasta la próxima, amigos!







Advertencia: esto presenta trazas de ficción y/o de cacahuate. No se lo tome literalmente. [Jueves 21 de mayo de 2009]. Lamalapalabra@hotmail.com 24/05/2009

 
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