La fascinante historia de la Reina Roja, la aristócrata cuya tumba guardaba oscuros secretos de la civilización maya

Parecía la escena de un crimen: el cadáver de un niño degollado y de una mujer, a la que le sacaron el corazón, estaban tirados a lado y lado del sarcófago, tallado en una sola pieza de piedra, de 2,40 m de largo por 1,18 m de ancho.

En la tapa del sarcófago, encontraron un orificio, por el que el arqueólogo Arnulfo González echó un vistazo y gritó: “¡Está llena de jade! ¡Es el alucine, del alucine, del alucine!

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Además de jade, los huesos, piedras y conchas de mar que había dentro estaban cubiertos por un polvo rojizo -cinabrio, un mineral compuesto por mercurio y azufre, usado para conservar los restos humanos- que hizo que la mujer que había sido enterrada allí hacía 1.346 años, el 13 de noviembre del año 672 d.C., fuera llamada “la Reina Roja”.

Sus restos han dado vueltas por Nueva York y Los Ángeles, en EE.UU.; Palenque, en México; y hasta Ontario, en Canadá.

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