Encuentro de cuidadoras y defensoras del territorio en la Sierra Tarahumara

Con música, baile, rituales y reflexiones colectivas se llevó a cabo el “I Encuentro de cuidadoras y defensoras del territorio en la Sierra Tarahumara: estrechando lazos desde la escucha y la espiritualidad”, en el municipio de Nonoava, del 27 al 29 de septiembre del presente año.

El evento fue organizado por el Centro de Capacitación y Defensa de los Derechos Humanos e Indígenas A.C (CECADDHI)  con el apoyo de organizaciones nacionales como Fondo Semillas, el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir AC (ILSB),  y las organizaciones locales Alianza Sierra Madre A.C. (ASMAC) y Consultoría Técnica Comunitaria A.C (CONTEC).

La facilitación del encuentro estuvo a cargo de Zenaida Pérez Gutiérrez, mujer ayuujk Coordinadora del Programa de Mujeres Indígenas del ILSB, y María Russy de Rosalba Chay Tucuch, mujer maya de Yucatán, quienes compartieron sus conocimientos, saberes y experiencias sobre los derechos de las mujeres indígenas y de los pueblos a los que pertenecen.

El derecho de las mujeres indígenas a la participación política, Zenaida menciona “culturalmente nos han hecho pensar que las mujeres indígenas no sabemos y no podemos, que nos hace falta saber muchas cosas.

Aunque hoy nos dimos cuenta que tenemos mucho saber y mucho conocimiento entonces es ir de poco a poco para no desesperarnos y este es un primer vuelo de pájaro, pasa saber cómo estamos y que tenemos miradas diferentes por la realidad que  nos ha tocado vivir”

Las participantes de los pueblos rarámuri, ódámi y chatino, así como mestizas, generaron un espacio de convivencia, reconocimiento, intercambio de saberes y conocimientos para reflexionar y construir espacios seguros de autocuidado, el bienestar y cuidado de su salud, así como el cuidado y defensa de sus territorios individual y colectivo.

Las mujeres rarámuri de la comunidad de Huitosachi, municipio de Urique, Chihuahua, compartieron su experiencia en la defensa del territorio. Del 2009 al 2017 solicitaron en los Tribunales de Justicia que se les reconociera como legítimos propietarios de las tierras que han ocupado ancestralmente, después de años de lucha y aunque enfrentaron muchos obstáculos, lograron el reconocimiento legal de su territorio.

Las mujeres cuidadoras y defensoras del territorio en la Sierra Tarahumara identificaron y analizaron los retos y amenazas a los que se enfrentan cotidianamente en el cuidado de su territorio.

Dentro de las problemáticas más latentes y preocupantes aparecen la tala del bosque, la lucha por el agua, instalación de drenajes, la imposición del aeropuerto de Creel, contaminación de aguajes y ríos, la declaración de zonas y lugares de turismo como formas de despojo y desposesión de territorios indígenas, que agravan la violencia e inseguridad y ponen en mayor riesgo a niñas y mujeres principalmente.

El autocuidado colectivo fue el eje articulador del encuentro donde se permitió identificar el miedo y la tristeza como emociones que se viven cotidianamente y se intensifican al hacer frente al cuidado y la defensa del territorio; pero también se permitió disfrutar y compartir alegría y la esperanza vivida en el cuerpo-territorio.

El encuentro permitió escribir una historia colectiva a través de las historias y remembranzas personales, juntas recordamos las memorias de la infancia, en el cuidado de las chivas, los montes, los pinos, el aguaje, de cuando cortábamos y sembrábamos flores y plantas, también que hoy nos preocupa la inseguridad y la tala inmoderada de pinos, así como grandes afectaciones a la milpa y todos los alimentos que sembramos para sobrevivir.

También compartimos saberes para cuidar la salud física, mental y espiritual, en ella las participantes reconocieron la importancia del autocuidado y el manejo de emociones para fortalecer sus luchas.

Mediante el ritual maya las mujeres agradecieron la oportunidad de estar reunidas, de tener un espacio para ellas, de darse tiempo para sentir y dejar fluir emociones, de dignificar su historia y sus saberes; pero sobre todo de valorar la importancia de estar unidas para fortalecerse como cuidadoras y defensoras de la tierra y territorio.