¡Vivas y SANAS nos queremos! – 7 de Abril – Día Mundial de la Salud

La Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe – RSMLAC, en el marco del Día Mundial de la Salud y ante la actual coyuntura por la pandemia del Covid-19, nos pronunciamos para exigir a los gobiernos una mayor inversión en políticas públicas que garanticen los derechos fundamentales de toda la población.

Esta crisis devela las profundas grietas que el modelo capitalista ha causado en los sistemas de salud a través de la privatización, el desmantelamiento de la infraestructura y el establecimiento de barreras de acceso al derecho fundamental de la salud, profundizado las desigualdades y violencias estructurales en especial sobre las mujeres y las poblaciones vulnerables de la región.

Alertamos sobre el hecho de que en nuestros países se hayan decretado los estados de emergencia o excepción democrática, lo cual otorga poderes especiales a los gobiernos para que prioricen el interés común por encima de los derechos civiles y políticos de las personas, situación que ya está generando un impacto en la garantía de los derechos de las mujeres, especialmente en lo referido a:

  • La salud sexual y la salud reproductiva: debe tenerse especial atención con la prevención de la mortalidad materna, el acceso universal a métodos anticonceptivos modernos, a servicios de aborto legal y seguro, a tratamientos de enfermedades de transmisión sexual incluidos los antiretrovirales, ya desatendidos en los sistemas de salud de la región antes de la aparición de la pandemia.
  • Educación: la salida temporal del sistema educativo para las niñas y jóvenes, puede implicar el abandono definitivo y eventualmente derivar en el aumento del matrimonio infantil forzado, el incremento del embarazo en niñas y jóvenes y afectar profundamente la continuidad de su proyecto de vida. Adicionalmente, en diversos contextos los espacios educativos resultan ser el único lugar seguro para las niñas y niños.
  • La crisis de salud representa para las mujeres una sobre exigencia invisible, que implica: mantenerse informada, proveer el cuidado, cumplir con sus deberes laborales, ayudar con las tareas educativas de sus hijas e hijos, la obligada autocontención, la imposibilidad de parar o tener un espacio para el descanso, entre otras cargas históricamente asociadas a los roles preestablecidos entre hombres y mujeres. Lo anterior se ve agravado por la situación de aislamiento, ya que las mujeres en general tienden a la interacción social y los vínculos con las otras personas.
  • El incremento de las violencias hacia las mujeres: las medidas de aislamiento ponen en riesgo la vida y la salud de las mujeres y niñas, reafirmando que los espacios íntimos pueden llegar a ser los más inseguros. Las situaciones de violencias estructurales se agudizan en el aislamiento, incrementando la violencia física, violencia sexual, violencia psicológica y el feminicidio.
  • Poblaciones en situación de vulnerabilidad: nos preocupa especialmente la población migrante, personas en situación de calle, trabajadoras sexuales, mujeres y trans. Todo el abanico de personas que habitan permanentemente las calles. No solamente su situación económica, sino los riesgos a los que están expuestas. En la mayor parte de los países de la región se ha decretado toque de queda durante las noches, las calles hoy son lugares solitarios sin más presencia que la fuerza pública, históricamente  perpetradora de violencias contra estas poblaciones.                                                                                                                
  • Las mujeres constituyen la primera línea en materia de garantía de seguridad alimentaria de su núcleo familiar, no garantizarla significa victimizar nuevamente a las mujeres y ponerlas en una situación de mayor vulnerabilidad.
  • El acceso al agua potable: la implementación de campañas de prevención como “lávate las manos” no son posibles para muchas poblaciones. Estos mensajes ignoran e invisibilizan las grandes inequidades que persisten en nuestra región. Muchas comunidades indígenas, campesinas, afro, así como aquellas que viven en asentamientos en la periferia de las grandes urbes, no cuentan con acceso al agua potable, exacerbando las inequidades causadas por los modelos de desarrollo basados en el capitalismo.                                                                                                                
  • La profundización en la desigualdad económica de nuestra región: no hay que perder de vista que América Latina y El Caribe es la región más desigual del mundo. No todas las personas viven de igual manera el impacto de esta pandemia. El que algunas tengan mejores condiciones respecto a otras debe aumentar las responsabilidades en términos de monitoreo a la implementación de las políticas públicas: un control ciudadano, que se puede hacer a través de medios digitales para prevenir y alertar sobre eventuales vulneraciones a los Derechos Humanos.

Adicionalmente, el Coronavirus puso en evidencia que en las políticas públicas del sistema capitalista prevalece una visión homogénea de sus sujetos de intervención (sean estos individuales o colectivos), que presupone que ese sujeto es: sano o no está transcurriendo situaciones especiales de su vida, tiene casa apta para el aislamiento social (acceso a servicios básicos), un sujeto con trabajo estable y que cuenta con las herramientas para hacer cibertrabajo; un sujeto-familia en donde todos los integrantes adultos tienen las mismas responsabilidades.

Hoy reiteramos nuestro compromiso de actuar como Red: articulando agrupaciones y colectivas de toda la región, propiciando conversaciones y debates, brindando herramientas de cuidado y autocuidado, permaneciendo vigilantes ante la vulneración o retroceso de los derechos de las mujeres, actuando como una plataforma de encuentro, de análisis, de formación para la incidencia, para la gestión del conocimiento y para el fortalecimiento del movimiento feminista en la región.

Finalmente, entendemos la salud de las mujeres como un acto de trasgresión y resistencia. La salud no solamente debe ser un enunciado, es un elemento integrador que, en sí mismo, constituye una transgresión al patriarcado; no solo nos queremos vivas: también nos queremos sanas para poder continuar esta lucha. Sin la salud vista de una manera integral, ello será imposible.

Consideramos imperante desarrollar estrategias para interpelar a los gobiernos de la región, ya que frente a un problema complejo se requiere una respuesta que considere la integralidad, la diversidad, la transversalidad, la interseccionalidad, y sobre todo, la perspectiva feminista.

¡Vivas y SANAS nos queremos!