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La NASA retrasa el lanzamiento tripulado de Artemis 2 por un fallo técnico en el cohete

El regreso de astronautas a la órbita lunar, un hito que no se produce desde la época del programa Apolo, tendrá que esperar al menos unas semanas más. La NASA ha descartado definitivamente lanzar la misión Artemis 2 en marzo tras detectar una nueva avería en el cohete Space Launch System (SLS), obligando a revisar el calendario previsto.

Este contratiempo supone un nuevo revés para el programa con el que Estados Unidos pretende volver a la Luna y sentar las bases para futuras misiones tripuladas, en un contexto de creciente competencia espacial internacional.

Un atasco de helio obliga a retirar el cohete

La agencia espacial confirmó que el problema afecta a la etapa superior del cohete, donde se ha detectado un atasco en el sistema de helio. Este gas resulta esencial para purgar los motores y presurizar los tanques de combustible, funciones críticas durante las primeras fases del vuelo.

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, explicó que reparar la avería exige retirar el vehículo de la rampa de lanzamiento y devolverlo a su hangar en el Centro Espacial Kennedy, en Florida.

“Eso implica olvidarnos de la ventana de lanzamiento de marzo”, señaló el responsable en un mensaje difundido en redes sociales, en el que también reconoció la decepción tras los recientes avances.

El sistema afectado había funcionado correctamente durante los ensayos realizados este mismo mes, lo que incrementa la incertidumbre sobre la fiabilidad del conjunto.

Se esfuma la ventana de lanzamiento de marzo

La NASA contemplaba una ventana de lanzamiento muy limitada, entre los días 6 y 11 de marzo. Sin embargo, el tiempo necesario para desmontar, reparar y volver a preparar el cohete hace imposible cumplir esos plazos.

La siguiente oportunidad se sitúa a principios de abril, aunque la agencia todavía no puede confirmar si llegará a tiempo. En los próximos días se espera que ofrezca un nuevo calendario oficial.

Este tipo de retrasos no son inusuales en proyectos espaciales de gran complejidad técnica, aunque generan presión política y presupuestaria en Estados Unidos, donde el programa Artemis representa una inversión multimillonaria con implicaciones estratégicas.

De la euforia al aplazamiento en menos de 24 horas

La decisión supone un giro inesperado. Apenas el viernes anterior, la NASA había recuperado el optimismo tras completar con éxito un ensayo general que resolvió problemas previos de fugas de hidrógeno líquido.

Ese avance había permitido reactivar los preparativos. Los cuatro astronautas asignados a la misión incluso habían iniciado el periodo de cuarentena previo al vuelo, una fase habitual para garantizar su estado de salud.

Sin embargo, la detección del nuevo fallo técnico ha obligado a frenar de nuevo el proceso.

No es la primera vez que ocurre algo similar. Durante la misión Artemis 1, lanzada finalmente en noviembre de 2022, el cohete tuvo que regresar en varias ocasiones al hangar, y pasaron ocho meses desde su primer traslado a la rampa hasta el despegue definitivo.

Artemis, clave para el regreso humano a la Luna

La misión Artemis 2 será la primera en llevar astronautas alrededor de la Luna desde 1972, aunque sin alunizar. Su objetivo principal es comprobar todos los sistemas en condiciones reales antes del lanzamiento de Artemis 3, que pretende situar nuevamente a seres humanos en la superficie lunar antes de que termine esta década.

El programa tiene también una dimensión geopolítica. Estados Unidos busca consolidar su liderazgo frente a otras potencias como China, que desarrolla su propio programa lunar tripulado.

Para Europa, incluida España, el proyecto tiene especial relevancia industrial, ya que empresas del continente participan en la construcción de módulos y sistemas tecnológicos.

Un nuevo calendario aún por definir

La NASA deberá ahora resolver el problema técnico y demostrar la fiabilidad del SLS antes de autorizar el lanzamiento.

Aunque abril aparece como la próxima fecha posible, la experiencia reciente demuestra que el calendario puede seguir cambiando.

El retraso no altera el objetivo final del programa, pero confirma la enorme complejidad técnica de devolver astronautas a la órbita lunar más de medio siglo después.

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